domingo, 16 de junio de 2013

Pitiriasis versicolor: "Los hongos de la playa"

A muchos puede no sonarles el término “pitiriasis versicolor”, pero seguro sabrán de a qué nos referimos si hablamos de ella como “los hongos de la playa”.

Ésta puede considerarse la micosis superficial del ser humano, al menos en adultos.

Sus características clínicas vienen bien definidas por su nombre, ya que “pitiriasis” es equivalente a “descamación”, y “versicolor” se refiere a “varios colores”, y es que habitualmente se presenta como pequeñas manchas “como gotas” habitualmente blanquecinas (aunque pueden ser rosadas, parduzcas…) con descamación fina en su superficie. Esta descamación es más evidente si pasamos la uña (o bien algo con un ligero filo, como una cureta) por encima, y a este gesto se le ha llamado “Signo de la Uñada”. Si es positivo (se aprecia evidente descamación) será porque existen hongos en su superficie: la lesión se considerará activa. Este sencillo gesto nos ayudará en el diagnóstico, pero también para valorar la respuesta al tratamiento, ya que cuando ya no hay hongo, habitualmente las lesiones ya no presentan dicha descamación, aunque la discromía (el cambio de color) puede tardar meses en resolverse, a pesar de estar “curada”.


Las lesiones habitualmente se localizan en el tercio superior del tronco (más en espalda que en torso), aunque pueden llegar a afectar brazos, piernas, cuello, y sobre todo en niños, incluso a la cara, y las lesiones individuales pueden coalescenciendo entre sí llegando a originar manchas mayores.

En cualquier caso debe ser el dermatólogo, el médico especialista que se ocupa de estos casos, quien confirme su diagnóstico si existiese mínima duda con respecto al mismo, si se prevee la necesidad de tratamiento oral (pastillas) o si la respuesta al tratamiento no hubiese sido la esperada. Ante casos dudosos su diagnóstico puede confirmarse mediante un examen directo, que fácilmente se realiza aplicando un papel adhesivo transparente sobre las lesiones, el cual se aplicará posteriormente sobre un porta sobre cuya superficie habremos aplicado una gota de colorante, como puede ser por ejemplo la tinta azul o negra Parker permanente (con o sin potasa). Si estamos ante una pitirasis versicolor, rápidamente podremos ver al microscopio múltiples esporas con característico collarete de gemación.

Los hongos que originan este cuadro son unas levaduras saprofitas (todos podemos tenerlas en la piel, aunque no produzcan alteraciones evidentes) conocidas como Malassezia, y en nuestro medio concretamente se originan en la gran mayoría de los casos por Malassezia globosa.

Es cierto que habitualmente los que la padecen suelen consultar en los meses de verano, lo cual puede relacionarse por un lado con la humedad en estas fechas, que podría favorecer su aparición o proliferación (por el sudor, los baños…), o simplemente ya que en dicha época tendemos a fijarnos en las lesiones, apreciándolas al llevar menos ropa, o al desvestirnos para el baño en la playa o la piscina.

El tratamiento suele ser relativamente sencillo, basándose en el uso de antifúngicos tópicos (cremas, sprays, champús…) en casos localizados, acompañándose del uso de antifúngicos orales en casos extensos, aunque el mayor problema no es el tratamiento, sino la prevención de nuevas lesiones similares en el futuro, y es que quien presenta pitiriasis versicolor en una ocasión es habitualmente un individuo predispuesto a que los episodios se repitan a lo largo del tiempo. De hecho, se calcula que el 80% de individuos la volverán a presentar un año tras el tratamiento, y el 90% en los dos años siguientes al tratamiento.

Entre las medidas para procurar la prevención de nuevos episodios, además de las medidas higiénicas adecuadas, incluyendo una correcta higiene personal procurando evitar la humedad (con un correcto secado tras mojarse la piel), existen diferentes posibilidades terapéuticas, como el uso periódico de champús, geles de baño, o incluso pastillas con poder antifúngico.

Más información:
-Hu SW, Bigby M. Pityriasis Versicolor: A systematic review of interventions. Arch Dermatol. 2010;146:1132-40.
-Crespo Erchiga V, Delgado Florencio V, Martínez García S. Micología dermatológica. Ed. M.R.A. Barcelona, 2006.

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