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jueves, 28 de enero de 2021

Vitamina D en relación a la piel y COVID-19

Actualmente vivimos un auge (al menos en los medios de comunicación) de todo lo referente a la vitamina D. Cada día oímos de nuevas (posibles) propiedades, y cada año se multiplica el número de publicaciones científicas en que se implica su (posible) efecto beneficioso a diferentes niveles.

Se trata de una vitamina peculiar: solo el 20% de la misma se obtiene a través de alimentos (pescado azul, huevos, lácteos suplementados, setas…). El resto viene sintetizado por nuestro propio organismo, desde la piel, inducido por la exposición solar.

Factores de riesgo para desarrollar déficit de vitamina D serían presentar obesidad, fumar, fototipos elevados (pieles oscuras) y exposiciones solares insuficientes, y el risesgo aumenta con edades avanzadas.

 

Funciones generales de la vitamina D

Entre las funciones conocidas de la vitamina D se encuentran su papel fundamental en el metabolismo óseo (su déficit es el responsable del raquitismo), pero también su acción en la lucha contra el cáncer, inhibiendo la proliferación celular, facilitando la reparación del ADN, y inhibe la angiogénesis y la formación de metástasis. Por otro lado, es importante en el sistema inmunitario: ayuda a regular la inmunidad innata y adquirida, participando en la proliferación y activación de células dendríticas, linfocitos T. Además, actúa en la regulación de la glucemia mediante la secreción de insulina y sobre la síntesis de los lípidos. También tiene efecto sobre la regulación de la tensión arterial mediante su acción sobre el sistema renina-angiotensina-aldosterona, y estimula la formación de óxido nítrico a nivel cardiovascular.



 

¿Existe globalmente un déficit de vitamina D?

Se calcula que entre un 35 y un 70% de la población europea muestra niveles insuficientes de 25 (OH) D según ciertos estudios, mientras que en Australia y Nueva Zelanda este porcentaje es del 9 y el 6%, respectivamente. Teniendo en cuenta estos datos se podría plantear la posibilidad de realizar un despistaje de los niveles de vitamina D a personas sanas; sin embargo, esta medida no está actualmente respaldada por el IOM y el US Preventive Services Task Force, por lo que actualmente no se recomienda de manera rutinaria.

Por otro lado, la suplementación de vitamina D sin control tampoco parece indicada: de hecho, hay que tener en cuenta que un exceso también puede ser perjudicial, ya que puede llevar a hipercalcemia (aumento del calcio en la sangre), lo cual puede originar síntomas tales como arritmia, pérdida de peso, anorexia (falta de apetito), y problemas en riñones, huesos y a otros niveles.

 

Vitamina D y piel

A nivel dermatológico tiene también gran importancia, no solo porque la vitamina D se sintetiza en la piel, y es que además tiene efecto inmunomodulador sobre los queratinocitos, regula su proliferación y diferenciación, y también regula el ciclo de crecimiento del pelo.

Los Dres. Navarro, Arias y Gilaberte revisaron recientemente mediante un trabajo publicado en la revista Actas Dermosifiliográficas las implicaciones de la vitamina D en Dermatología, y repasaron su posible papel en la patogenia e incluso en el tratamiento de una gran variedad de trastornos dermatológicos, repasando los más importantes.

-Psoriasis: El ensayo de vitamina D oral como tratamiento fracasó dado el riesgo de hipercalcemia, pero sus análogos tópicos (calcipotriol y tacalcitol) fueron una auténtica revolución en el tratamiento de esta enfermedad. Parece oportuno recomendar dietas que aporten esta vitamina dado el efecto beneficioso sobre muchas de las comorbilidades asociadas a la psoriasis.

-Dermatitis atópica: Los suplementos orales de vitamina D se relacionaron con disminución en la gravedad de la dermatitis en pacientes en edad pediátrica, considerándose como posible tratamiento adyuvante en caso de niveles deficientes.

-Ictiosis: Algunos autores plantearon la posible utilidad de asociar vitamina D al tratamiento con retinoides orales en aquellos pacientes con niveles bajos de vitamina, aunque los niveles de evidencia son aún bajos.

-Acné: Un estudio mostró que suplementando con vitamina D oral mejoran las lesiones inflamatorias.

-Hidrosadenitis supurativa: Estos pacientes presentan niveles más bajos de vitamina D comparados con la población sana, y a su vez estos niveles son inversamente proporcionales a la gravedad de la enfermedad. El suplemento de vitamina D mostró una mejoría de los nódulos inflamatorios, igual que con el acné.

-Vitíligo: Un metaanálisis mostró que existe una clara relación entre el vitíligo y niveles bajos de vitamina D. Sin embargo, no disponemos de ensayos clínicos que demuestren la eficacia de los suplementos de vitamina D en estos pacientes.

-Lupus eritematoso sistémico: Algunos trabajos defienden la importancia de suplementar con vitamina D por su función inmunomoduladora, el efecto protector cardiovascular, la posible mejoría de los síntomas sistémicos y el desarrollo cognitivo de los pacientes.

-Erupción Solar Polimorfa: se ha demostrado que estos pacientes muestran niveles bajos de vitamina D, y que la exposición a UVB 311 nm mediante fototerapia los aumenta, correlacionándose con una mejoría clínica de las lesiones.

-Alopecia areata: Aunque algunos estudios han mostrado niveles más bajos de vitamina D en pacientes con alopecia areata, no hay estudios que demuestren que los suplementos orales con vitamina D sean eficaces en la enfermedad.

-Melanoma: La posible utilidad de suplementar con vitamina D oral es controvertida en estos pacientes.

-Cáncer cutáneo no melanoma:  En un estudio prospectivo con más de 60.000 participantes, el suplemento de vitamina D no se asoció con un mayor riesgo de carcinoma espinocelular ni basocelular.

Teniendo en cuenta la evidencia disponible, sería sobre todo en casos de psoriasis, dermatitis atópica, vitíligo y alopecia areata cuando podría estar más indicado determinar niveles de vitamina D, y si están bajos, plantear suplementarlos.

 

Vitamina D y COVID19.

La Dra. Gilaberte realizó recientemente una excelente revisión del tema con motivo del congreso nacional (online) de Dermatología. Las conclusiones fueron:

-El déficit de vitamina D se ha asociado  mayor gravedad/mortalidad por COVID-19.

-Una mayor exposición solar parece asociarse a menor mortalidad por COVID-19 y menor infectabilidad por coronavirus.

-La aplicación de fotoprotectores no parece comprometer los niveles de vitamina D, pero sí lo hace la no exposición solar.

-Se necesitan más estudios, con carácter prospectivo y control de factores de confusión, para valorar la influencia de la exposición solar y la fotoprotección en COVID-19.

 


Más información:

Navarro-Triviño  FJ, Arias-Santiago S, Gilaberte-Calzada Y. Vitamina D y la piel. Una revisión para dermatólogos. Actas Dermosifiliogr. 2019;110:262-72.

Pereira M, Dantas Damascena A, Galvao Azevedo LM, et al. Vitamin D deficiency aggravates COVID-19: Systematic review and meta-analysis. Crit Rev Fod Sci Nutr. 2020 (Epub Ahead of Print).

COVID-19 fatalities, latitude, sunlight, and vitamin D. Am J Infect Control.2020;48:1042-4.

miércoles, 8 de julio de 2020

Consejos y novedades en fotoprotección para una exposición solar saludable en verano tras el desconfinamiento

En relación a la serie de charlas-coloquios organizadas por la Sección Andaluza de la Academia Española de Dermatología con el título de “los martes de la Andaluza”, tuvimos la suerte de poder aprender mucho sobre pautas de exposición solar saludable gracias a las enseñanzas de los Dres. José Aguilera y María Victoria de Gálvez, desde el laboratorio de Fotobiología de la Universidad de Málaga, con su magnífica charla “CovitD Piel. Exposición solar para un desconfinamiento saludable”.

Sabemos bien que debemos evitar la quemadura solar, y esto incluye el que simplemente se produzca un eritema (enrojecimiento) cutáneo a las 24 horas de la exposición solar (esto va en relación a la Dosis Eritematógena Mínima, DEM, que equivale al mínimo tiempo que tarda la piel expuesta al sol sin fotoprotección en quemarse); Incluso un poco antes de llegar a esta DEM ya tenemos lo que sería una “sobreexposición solar”: esto implica ya daños oxidativos, daño en el ADN de las células de la piel… y en definitiva estamos favoreciendo el desarrollo del cáncer de piel.


¿Cuál sería la exposición solar adecuada?
Para saberlo es conveniente conocer cuál es el Índice de Radiación Ultravioleta (la radiación solar capaz de producir eritema). Podemos consultarlo en la página de la AEMET, o a través de la app UV-Derma, por ejemplo.
Habitualmente va aumentando entre Enero y Julio de forma muy progresiva, aunque en este año, tras la pandemia, la piel no pudo adaptarse al aumento de la radiación ultravioleta de forma progresiva, por lo que con el confinamiento se impidió que se produjese el habitual “hardening” (endurecimiento de la piel), conllevando un gran aumento en las quemaduras solares tras las primeras exposiciones solares algo más intensas.
Un ejemplo: Una persona de piel clara (fototipo II) en Marzo (inicio del confinamiento) se quema por lo general en 88 minutos expuesto al sol, pero en Junio (fin del confinamiento) se quema en 24 minutos (casi una cuarta parte!).
Se calcula que una piel negra equivaldría a una protección solar (FPS) de 14, de ahí que la pigmentación (y también el broceado) de la piel tiene un cierto efecto protector respecto a las radiaciones solares.
Lo importante es que la exposición solar se produzca de forma muy gradual, ya que no es posible broncear la piel en un corto periodo de tiempo sin que se produzca a la vez daño en la piel. El Doctor Aguilera nos habló del concepto de “entrenamiento melanótico suberitemático”, que en definitiva podría entenderse como los pasos a tomar para hacer que la piel se prepare par hacerse más resistente al daño solar, originando un aumento del espesor de la epidermis, estimulando la producción de melanina (pigmentación), controlando al p53 (gen importante en la reparación del daño solar en el ADN celular) e incrementando las propiedades antioxidantes. Esto se obtendría siguiendo una regla sencilla, realizando exposiciones solares 2 veces a la semana (separadas 72 horas entre sí) por debajo de la DEM, aunque este año, en relación al confinamiento, como comentamos previamente, fue muy difícil conseguir completar este “entrenamiento” antes de enfrentarnos al sol del verano.

Vitamina D, exposición solar y COVID-19.
Entre Marzo y Junio 2020 se han publicado más de 80 artículos referentes al posible papel protector de la vitamina D respecto a la infección por SARS-cov2.
Aunque persiste una gran controversia con respecto a cuáles deben ser realmente unos niveles adecuados de vitamina D y hasta qué punto influyen en diferentes aspectos de nuestra salud, se considera de forma general que para conseguir unos niveles adecuados de vitamina D en nuestro organismo sería suficiente que expusiésemos ¼ parte de nuestra piel (por ejemplo manos, brazos, cuello y cara) al sol, y solo por un tiempo equivalente a ¼ parte del tiempo necesario para que se produjese la DEM.
Por ejemplo, de forma general, para una persona de fototipo II (piel clara) el tiempo para que se produzca el eritema (el enrojecimiento, al alcanzar la DEM) en verano sería de 26 minutos, pero esa persona solo necesitaría exponer ¼ de la piel unos 7 minutos al día para sintetizar niveles adecuados de vitamina D. En invierno para alcanzar el enrojecimiento esta persona necesitaría 80 minutos, y para lograr estos niveles de vitamina D sería suficiente exponer ¼ parte de la piel 21minutos al día.
En un fototipo más oscuro (por ejemplo, fototipo IV) para alcanzar los niveles adecuados de vitamina D sería suficiente exponer ¼ parte de la superficie de la piel por 13minutos al día en verano, y 38 minutos al día en invierno.
En cualquier caso, lógicamente estos tiempos variarán también según determinados factores, como puede ser el área geográfica o la franja horaria: A mediodía la posibilidad de quemarnos es mucho mayor, ya que el tiempo para obtener la DEM es mucho más bajo, por lo que lo recomendado es que las exposiciones al sol tengan lugar antes de las 12 del mediodía, o partir de las 5 de la tarde.

App UV-Derma.
Como ya comentamos previamente en este blog, la aplicación UV-Derma, avalada por la Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología, nos permite consultar (entre otros) el índice ultravioleta para una determinada área geográfica, para una hora concreta, así como el tiempo para quemarnos si no usamos protector solar, y el tiempo de exposición necesario (exponiendo ¼ de la piel) para sintetizar dosis óptima de vitamina D, y nos aportará consejos de fotoprotección.



Aprovecha tu sombra.
Para evitar las quemaduras, una regla muy sencilla sería la siguiente: “si tu sombra es más larga que tu altura, el riesgo de quemadura solar es bajo”. De la misma forma, si la sombra es corta (las radiaciones solares nos llegan de manera muy perpendicular ) el riesgo de quemadura es alto. Esta regla, recordada por la Dra. De Gálvez, sería la “Regla de la Sombra de Downhan”. Aprovechando este principio estos investigadores de la Universidad de Málaga desarrollaron el “UVI-lisco”.




Ten en cuenta las radiaciones solares reflejadas.
Según en qué superficie estemos, se puede producir mayor o menor cantidad de reflexión de los rayos ultravioleta, que pueden llegarnos aunque sea de manera no directa. Se calcula que la arena refleja el 15% de las radiaciones UV, el césped el 20%, y la nieve hasta el 90% de las mismas.

La ropa como método de fotoprotección.
Las prendas de ropa son por lo general un buen método de protección solar, si bien su potencia como fotoprotector, medida por el “FPU” será variable, sobre todo según la cobertura del tejido, que dependerá del grosor del hilo, el entrelazamiento, la trama y el tinte. Por ejemplo, el lino tendrá menor densidad (trama), y será peor fotoprotector. Por otro lado, la humedad, los tejidos estirados, o los colores claros, pueden bajar este FPU.
Las pantallas usadas en la protección del COVID suelen proteger muy bien de las radiaciones solares tipo UVB.

Protección solar de los cristales.
Los cristales de casas y automóviles suelen proteger bien de las radiaciones UVB, pero no tanto de las UVA, aunque esta protección aumentaría en caso de cristales tintados, y existen láminas adhesivas que pueden pegarse a los cristales para aumentar dicha protección.

Fotoprotectores tópicos.
De forma general se recomienda el uso de fotoprotectores con factor de protección alto (SPF>30) o muy alto (SPF>50), sobre todo teniendo en cuenta que nunca los aplicamos de una manera ideal, sino que lo hacemos en cantidades algo menores a lo deseable, y que otros factores también afectan a su efectividad, disminuyéndola (sudor, baños, roces…). Conviene además que incluyan protección solar frente a radiaciones ultravioleta A (UVA), cuyo valor suele ser aproximadamente 1/3 del SPF.
La tendencia actual es que si se usan filtros físicos (inorgánicos) sean formulados en forma de nanoparticulas (para que se extiendan mejor), y que los filtros químicos sean encapsulados (para que no penetren la piel).   
Gracias a recientes estudios coordinados por los doctores De Gálvez y Aguilera, ya sabemos que es suficiente con aplicar el fotoprotector 5 minutos antes de exponerse al sol para que éste sea efectivo, e igualmente pudieron comprobar que el uso de una crema hidratante, antes o después de aplicar el fotoprotector, no modifica la utilidad de éste último.

Fotoprotección oral.
Sobre todo puede ser útil en personas con fotodermatosis (enfermedades de la piel que se producen o agravan en relación a la exposición solar) y situaciones de estrés oxidativo. Debe tomarse como un complemento de otras medidas fotoprotectoras, y no como única medida de fotoprotección, pues en ese caso sería insuficiente. Hay que tener en cuenta no solo los suplementos específicos que pueden adquirirse en farmacias, sino también a múltiples alimentos que contienen sustancias con esta acción antioxidante, como ocurre con los licopenos existentes en los tomates, los betacarotenos de las zanahorias o las naranjas.

Reparadores de ADN.
Existen además sustancias (como la fotoliasa) que pueden asociarse a los fotoprotectores y que pueden ayudar a favorecer la reparación de los daños del ADN que se van produciendo con las exposiciones solares. Sobre todo pueden ser útiles en personas en mayor riesgo de desarrollo de cáncer de piel (personas con antecedentes de cáncer o precáncer cutáneo, trasplantados…).


Más información:
-Medidas físicas de fotoprotección: porque las cremas no son todo
-Todo lo que debemos saber sobre los protectores solares: 
-Ya llegó le verano: cómo protegernos correctamente del sol:
-Fotoprotección en la infancia: protege a los que más quieres.
-Imagen soles: https://www.freepik.es/vector-gratis/coleccion-soles-verano_837528.htm#page=1&query=rayo%20de%20sol&position=15