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viernes, 1 de junio de 2018

Esos puntitos rasposos en la piel: Queratosis Pilar


Aunque es un motivo de consulta frecuente durante todo el año en las consultas de Dermatologia, puede ser en primavera, cuando la gente saca a lucir los brazos, cuando más se consulta por este motivo.

Las lesiones de Queratosis Pilar (QP en adelante) son pequeñas pápulas (lesiones sobreelevadas de aproximadamente 1milimétro de diámetro) queratósicas (rasposas al tacto) foliculares (que se distribuyen sobre los folículos del pelo) que pueden acompañarse de un cierto grado de eritema (rojez) en su base. Estas lesiones dan una apariencia de “piel de gallina”. Por lo general afectan la cara extensora de brazos, pero también pueden apreciarse en las mejillas, los muslos, los glúteos e incluso en el tronco.



En muchos casos, estas lesiones se confunden con acné, ya que es habitual apreciarlas de forma parecida a pequeños “granos”, si bien su contenido blanquecino que se desprende de las mismas cuando las pellizcamos no es pus, sino queratina.

De hecho, si biopsiamos estas lesiones, comprobaremos que se trata de un trastorno de la queratinización de la piel, en que se forman tapones de queratina (que no terminan de recambiarse de forma habitual), los cuales taponan y dilatan el orificio y la porción superior del infundíbulo de los folículos pilosos, pudiendo acompañarse de un infiltrado de células inflamatorias en dermis superficial a nivel perifolicular y perivascular.

En su diagnóstico diferencial existen otras entidades como el liquen espinuloso (enqu las lesiones presentan “espinas de queratina” y se distribuyen sobre grandes parches de piel, normalmente en el tronco y extremidades de niños, o la pitiriasis rubra pilar, en que suele haber -entre otros- un cierto engrosamiento (hiperqueratosis) de la piel de palmas y plantas. 

Se trata de un trastorno absolutamente benigno, con repercusión puramente a nivel estético, aunque a veces puede acompañarse de cierto picor.

Es un trastorno muy frecuente, y según algún estudio podría afectar a al menos la mitad de los adolescentes, en mayor o menor grado. Se estima que es heredado de forma autosómica dominantecon una variable penetrancia y expresividad.

Por lo general las lesiones suelen aparecer en la infancia, normalmente durante la primera década de vida, y suelen mejorar (o al menos no empeorar) con la edad (generalmente, sobre los 16 años). Aunque su origen no está claro, parece haber una cierta influencia hormonal. De hecho, parece ser más frecuente en mujeres con alteraciones o cambios hormonales (hiperandrogenismo, embarazos…).

Si bien en la gran mayoría de casos se tratan de un fenómeno aislado, en ocasiones pueden aparecer como un elemento más de enfermedades cutáneas como la dermatitis atópica, entidad igualmente muy frecuente en nuestro medio (de hecho, la presencia de QP no es útil para su diagnóstico), u otras más raras como la ictiosis vulgar (aquí es más frecuente que en la propia dermatitis atópica).

La queratosis pilar atrófica es un término usado para referirse a una serie de trastornos con QP y atrofia asociada (un ejemplo es el Uleritema ofriogenes, en que niños presentan lesiones tipo QP en la cara que luego evolucionan desarrollándose cicatrices atróficas). La eritromelanosis follicularis faciei et colli por su parte se caracteriza por eritema, hiperpigmentación (manchas rojizas y marronáceas y lesiones tipo QP).

También se han relacionado con QP déficits de vitamina A ó B12, el hipotiroidismo, la enfermedad de Cushing o la administración de corticotropina, si bien no está ni mucho menos indicado el despistaje de estas enfermedades de forma rutinaria al encontrarnos con una QP.  

Aunque no existe un tratamiento curativo, sí existen variadas opciones de tratamiento con las que mejorar las lesiones y sus posibles síntomas, y su base sería evitar la sequedad cutánea mediante el uso de cremas emolientes, a lo que pueden añadirse agentes queratolíticos (a base de urea, determinados ácidos…) e incluso corticoides tópicos (en periodos cortos de tiempo) según sea necesario por el tipo de lesiones, su apariencia o la sintomatología asociada. Para evitar dicha sequedad, también se recomienda evitar jabones agresivos o los baños prolongados de agua caliente.

En cualquier caso, por lo general las lesiones suelen mejorar en verano y empeorar en invierno. Probablemente el efecto exfoliante y queratorregulador de las aguas marinas y el sol sean responsables de dicha mejoría estival y la mayor sequedad cutánea inducida por el frío invernal sean las que originan su empeoramiento.

Más información:
-Hwang S, Schwartz RA. Keratosis pilaris: a common follicular hyperkeratosis. Cutis. 2008;82:177-80.
- Zhu JW, Lu ZF, Zheng M. Unilateral generalized keratosis pilaris following pregnancy. Cutis. 2014;94:203-5.

domingo, 16 de junio de 2013

Pitiriasis versicolor: "Los hongos de la playa"

A muchos puede no sonarles el término “pitiriasis versicolor”, pero seguro sabrán de a qué nos referimos si hablamos de ella como “los hongos de la playa”.

Ésta puede considerarse la micosis superficial del ser humano, al menos en adultos.

Sus características clínicas vienen bien definidas por su nombre, ya que “pitiriasis” es equivalente a “descamación”, y “versicolor” se refiere a “varios colores”, y es que habitualmente se presenta como pequeñas manchas “como gotas” habitualmente blanquecinas (aunque pueden ser rosadas, parduzcas…) con descamación fina en su superficie. Esta descamación es más evidente si pasamos la uña (o bien algo con un ligero filo, como una cureta) por encima, y a este gesto se le ha llamado “Signo de la Uñada”. Si es positivo (se aprecia evidente descamación) será porque existen hongos en su superficie: la lesión se considerará activa. Este sencillo gesto nos ayudará en el diagnóstico, pero también para valorar la respuesta al tratamiento, ya que cuando ya no hay hongo, habitualmente las lesiones ya no presentan dicha descamación, aunque la discromía (el cambio de color) puede tardar meses en resolverse, a pesar de estar “curada”.


Las lesiones habitualmente se localizan en el tercio superior del tronco (más en espalda que en torso), aunque pueden llegar a afectar brazos, piernas, cuello, y sobre todo en niños, incluso a la cara, y las lesiones individuales pueden coalescenciendo entre sí llegando a originar manchas mayores.

En cualquier caso debe ser el dermatólogo, el médico especialista que se ocupa de estos casos, quien confirme su diagnóstico si existiese mínima duda con respecto al mismo, si se prevee la necesidad de tratamiento oral (pastillas) o si la respuesta al tratamiento no hubiese sido la esperada. Ante casos dudosos su diagnóstico puede confirmarse mediante un examen directo, que fácilmente se realiza aplicando un papel adhesivo transparente sobre las lesiones, el cual se aplicará posteriormente sobre un porta sobre cuya superficie habremos aplicado una gota de colorante, como puede ser por ejemplo la tinta azul o negra Parker permanente (con o sin potasa). Si estamos ante una pitirasis versicolor, rápidamente podremos ver al microscopio múltiples esporas con característico collarete de gemación.

Los hongos que originan este cuadro son unas levaduras saprofitas (todos podemos tenerlas en la piel, aunque no produzcan alteraciones evidentes) conocidas como Malassezia, y en nuestro medio concretamente se originan en la gran mayoría de los casos por Malassezia globosa.

Es cierto que habitualmente los que la padecen suelen consultar en los meses de verano, lo cual puede relacionarse por un lado con la humedad en estas fechas, que podría favorecer su aparición o proliferación (por el sudor, los baños…), o simplemente ya que en dicha época tendemos a fijarnos en las lesiones, apreciándolas al llevar menos ropa, o al desvestirnos para el baño en la playa o la piscina.

El tratamiento suele ser relativamente sencillo, basándose en el uso de antifúngicos tópicos (cremas, sprays, champús…) en casos localizados, acompañándose del uso de antifúngicos orales en casos extensos, aunque el mayor problema no es el tratamiento, sino la prevención de nuevas lesiones similares en el futuro, y es que quien presenta pitiriasis versicolor en una ocasión es habitualmente un individuo predispuesto a que los episodios se repitan a lo largo del tiempo. De hecho, se calcula que el 80% de individuos la volverán a presentar un año tras el tratamiento, y el 90% en los dos años siguientes al tratamiento.

Entre las medidas para procurar la prevención de nuevos episodios, además de las medidas higiénicas adecuadas, incluyendo una correcta higiene personal procurando evitar la humedad (con un correcto secado tras mojarse la piel), existen diferentes posibilidades terapéuticas, como el uso periódico de champús, geles de baño, o incluso pastillas con poder antifúngico.

Más información:
-Hu SW, Bigby M. Pityriasis Versicolor: A systematic review of interventions. Arch Dermatol. 2010;146:1132-40.
-Crespo Erchiga V, Delgado Florencio V, Martínez García S. Micología dermatológica. Ed. M.R.A. Barcelona, 2006.

jueves, 2 de mayo de 2013

Doctor, mi niño tiene un angioma

El término “Angioma”, según quien lo use, puede ser utilizado para denominar a muchos tipos de anomalías vasculares, incluyendo aquí tanto tumores (proliferación de vasos sanguíneos) como malformaciones (anomalías en dichos vasos), aunque las características de éstas (el pronóstico, el manejo, la necesidad de pruebas, la necesidad de tratamiento, las opciones de tratamiento…) puedan ser muy diferente entre sí. Por ello mismo, es importante un correcto diagnóstico, lo más afinado posible, que nos permita saber a qué nos estamos refiriendo realmente.

Términos como "angioma plano" (que realmente se refieren a una malformación vascular capilar) o "angioma cavernoso" (que en muchos casos se ha usado como equivalente a una malformación vascular, habitualmente venosa) deberían eliminarse.

Hoy en día, el término “angioma”, o aún mejor dicho, “hemangioma infantil”, debería reservarse para nombrar a tumores vasculares benignos propios de la infancia

Éstos son los tumores benignos más frecuentes de la infancia; Aparecen por lo general (aunque existen algunas excepciones) en las primeras semanas de vida, tras el nacimiento, presentando luego una fase de crecimiento que suele durar varios meses, posteriormente se estabilizan hasta aproximadamente el año de edad y posteriormente y durante varios años involucionan (incluso sin tratamiento) aplanándose y perdiendo su intensidad de color hasta desaparecer parcial o completamente según el caso; A día de hoy se calcula que entre el 25 y el 70% de los hemangiomas infantiles no tratados pueden dejar finalmente algún tipo de secuela, que afortunadamente son en muchos casos de índole simplemente estética (una mancha rosada, piel "de sobra"...) y que frecuentemente pueden mejorarse con un tratamiento posterior (según el tipo de secuela, éste puede ser láser, cirugía correctora...). 

Son más frecuentes en niños de raza blanca, aparecen más en mujeres que en varones, e igualmente son más comunes en niños fruto de embarazos en que han existido condiciones de hipoxia (menor llegada de oxígeno a los tejidos, sobre todo a la placenta) como ocurre en embarazos gemelares, con recién nacidos prematuros, ante madres de edad avanzada...

                                                      


Habitualmente el diagnóstico suele ser clínico, si bien en casos atípicos o incipientes pueden ser necesarias determinadas pruebas como pueden ser pruebas de imagen (ecografía-doppler sobre todo) o incluso una biopsia de la lesión.

Algunos hemangiomas dependiendo del aspecto, tamaño, localizaciones y alteraciones asociadas pueden ser problemáticos. En general, los hemangiomas segmentarios (aquellos que ocupan territorios más o menos extensos de piel, con formas frecuentemente geográficas y que pueden corresponder a áreas de piel de desarrollo embrionario común) suelen asociarse a más complicaciones que los hemangiomas focales (con formas habitualmente redondeadas).


Las principales complicaciones que podemos encontrar en los hemangiomas son su posible asociación a compromiso estético (sobre todo si afectan determinadas localizaciones como son la cara, nariz, labio o mama o si son de gran tamaño), el compromiso de órganos vitales (especialmente en angiomas perioculares, con posible afectación de vía aérea…), la ulceración (más frecuente en angiomas localizados en pliegues, labios y en la zona del pañal), la existencia de angiomas en órganos internos (hígado sobre todo), o incluso la asociación con hipotiroidismo, insuficiencia cardíaca o con determinados síndromes (PHACE, SACRAL…).


Si bien en muchos casos no existirá necesidad de tratamiento alguno, en los casos de hemangiomas en que existan complicaciones o intuyamos que éstas puedan desarrollarse, además de realizar las pruebas que sean oportunas (ecografía, resonancia…) según el tipo de angioma, su localización… deberemos plantear la necesidad de tratamiento.

El tratamiento de los hemangiomas infantiles ha evolucionado mucho en los últimos años. Así, si bien clásicamente el tratamiento más usado han sido los corticoides sistémicos, desde la descripción de la utilidad del propranolol en hemangiomas infantiles en 2008, éste ha supuesto toda una revolución, consiguiendo en la mayoría de casos unos excelentes resultados con escasos riesgos para el paciente, considerándose hoy en día su tratamiento de primera elección.
Más información sobre propranolol en este blog (pulsar aquí).

Desde su descubrimiento, otros fármacos de la misma familia (beta-bloqueantes) han ido mostrando su utilidad en el tratamiento de estas lesiones, destacando entre éstos la utilidad de un preparado tópico ("como una crema") como es el caso del timolol, de gran utilidad en el tratamiento de hemangiomas superficiales.

Una correcta valoración por un dermatólogo pediátrico podría en muchos casos ser muy útil para lograr un diagnóstico precoz y acertado, y lograr el manejo más adecuado para cada caso.

Más información:
- Leaute-Labreze C, Dumas de la RE, Hubiche T, et al. Propranolol for severe hemangiomas of infancy. N Engl J Med 2008;358:2649-51.
- Frieden IJ, Haggstrom AN, Drolet BA et al. Infantile hemangiomas: current knowledge, future directions. Proceedings of a research workshop on infantile hemangiomas, April 7-9, 2005, Bethesda, Maryland, USA. Pediatr Dermatol 2005;22:383-406.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Consejos para el cuidado de la piel atópica basados en la evidencia científica

La Dermatitis Atópica (DA) es una de las enfermedades cutáneas más frecuentes, pudiendo llegar a afectar a hasta el 20% de niños y el 3% de los adultos en algunos países, y puede ser un primer escalón en el posible desarrollo futuro de rinitis alérgica y asma.

Aunque la predisposición genética hacia la piel seca e hipersensible no pueda “curarse”, sí pueden tratarse y controlarse los eccemas y por tanto su síntomas asociados.
Recientemente se publicó en la prestigiosa revista Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology los resultados de una minuciosa revisión de la evidencia científica que avala el manejo de la DA.

Algunas de las conclusiones más interesantes fueron:

1. Respecto al cuidado general de la piel:
-Los hidratantes son la base del tratamiento de mantenimiento, aunque éstos no deben aplicarse directamente sobre la piel inflamada (“eccema”), al ser entonces mal tolerados: por tanto previamente habría que tratar el brote (ver “tratamiento antiinflamatorio” más adelante).

-El uso frecuente (mínimo 2 veces al día) de determinadas cremas hidratantes podría mejorar la función de la barrera cutánea de los atópicos, reduciendo así su sensibilidad a los agentes irritantes. Son especialmente útiles tras secar la piel tras el baño o ducha, cuando la piel aún está ligeramente húmeda.

-Los baños deben ser cortos (5 minutos), con agua no demasiado caliente, y en ellos son útiles los aceites emolientes para el baño o sustitutos del jabón que no sean alergénicos ni produzcan irritación (como los productos “syndet”).

2. Respecto a las estrategias de “evitación”:
-Identificar para cada paciente qué factores pueden provocar el desencadenamiento de brotes (y la evitación de los mismos) puede ser útil en el mejor control de la enfermedad. Las pruebas para su detección deberán realizarse en función de la clínica de cada paciente, y no están recomendadas “como rutina”.

-Factores de provocación no específicos: Pueden ser químicos (como el contacto con ácidos, disolventes, o incluso el exceso de contacto con el agua, el humo del tabaco, de los tubos de escape…), físicos (como el roce con tejidos como la lana) o biológicos (como los microorganismos existentes en el medio ambiente).
-Factores de provocación específicos:
          *Aeroalergenos: Sustancias que se encuentran “en el ambiente”: Los que más se relacionan con el desarrollo de eccemas son los ácaros del polvo, presentes sobre todo en colchones y suelos de dormitorios. Los pólenes también pueden producir brotes. Los epitelios de animales (sobre todo los gatos, cuyo contacto deberían evitarse): cuando una persona se hace alérgica a un animal, evitar su contacto es fundamental. Ropa: Como medida general, deben evitarse las fibras sintéticas. En personas en que se demuestra una alergia de contacto (por ejemplo al níquel, que es especialmente frecuente en mujeres atópicas con uso precoz de bisutería), deben evitar el contacto a dicha sustancia.
          *Alergenos alimentarios: En pacientes con DA moderada/severa en que pruebas de provocación a determinados alimentos hayan sido positivas, se podría plantear realizar una dieta de eliminación de dichos alimentos, siempre y cuando se encuentre una relación entre el curso de la dermatitis y la ingesta de dichos alimentos (lo que se conoce como “relevancia clínica”).


3. Tratamiento “anti-inflamatorio”:
-La cantidad de “crema de tratamiento” aplicada sobre los eccemas debe equivaler de manera que la cantidad de crema para cubrir una punta del dedo índice debe ser suficiente para tratar con ella el equivalente a dos palmas de piel.

-Los corticoides tópicos siguen siendo actualmente el tratamiento de primera línea de los eccemas, presentando un balance beneficio/riesgo claramente positivo, debiendo escogerse el más adecuado (y la pauta de aplicación más conveniente) según el área corporal afecta, la intensidad de afectación, etc. En principio la aplicación debería mantenerse mientras persista el picor. El “miedo” a la cortisona no tiene razón de ser, siempre y cuando se use de manera conveniente.
-Para procurar “ahorrar” uso de corticoides, es conveniente comenzar a aplicarlos de forma temprana cuando aparezca el eccema, procurando tras la mejoría un mantenimiento mediante cremas hidratantes, y si fuese necesario (ante rebrotes frecuentes), realizando un “tratamiento proactivo”, para evitar las rápidas recurrencias, aplicando determinados corticoides 2veces/semana como mantenimiento en las áreas más propensas a los eccemas.


4. Inhibidores de la calcineurina tópicos: Tacrolimus y Pimecrolimus:
-Muchos ensayos clínicos avalan su eficacia y seguridad en la práctica clínica diaria.

-Tacrolimus 0.1% pomada tiene una potencia equivalente a la de un corticoide de media potencia.

-Son especialmente útiles en el tratamiento de dermatitis en áreas de piel fina como son la cara, los pliegues o los genitales.

-Su efecto adverso más frecuente es la presencia de escozor en la zona de aplicación, que suele durar unos minutos y que suele remitir tras sucesivas aplicaciones.
-El “tratamiento proactivo” con tacrolimus puede disminuir el número de brotes de eccemas.


5. Antihistamínicos orales:
-Los antihistamínicos orales (las cremas de antihistaminicos no deben usarse) son fármacos seguros (incluso a largo plazo) y especialmente útiles para mejorar los síntomas de alteraciones relacionadas con la DA como son el asma o la rinoconjuntivitis alérgica, aunque no existe suficiente evidencia con respecto a su uso en el alivio del picor (más allá de la sedación que pueden producir, que por otro lado puede mejorar la calidad del sueño del paciente).

Más información:
-Ring J, Alomar A, Bieber T, et al. Guidelines for treatment of atopic eczema (atopic dermatitis). J Eur Acad Dermatol Venereol 2012.

lunes, 17 de diciembre de 2012

“Enfermedad de piel de mariposa”: Epidermolisis Ampollosa


Las Epidermolisis Ampollosas hereditarias (EA), también conocidas como Epidermolisis Bullosas (EB), o como "enfermedad de piel de mariposa” son un grupo de enfermedades genéticas que tienen en común la existencia de una extrema fragilidad de la piel y mucosas (originándose ampollas en la inmensa mayoría).
Su diagnóstico es  frecuentemente devastador (al menos en las formas graves) no sólo para los pacientes, sino también para las familias afectadas. Afortunadamente su prevalencia es baja, incluyéndose dentro del grupo de las “enfermedades raras” (aquellas con una frecuencia menor a 1 caso por 2.000 personas), y aunque los datos no son oficiales, probablemente existan en toda España menos de 1000 casos.
Aunque la clínica asociada en los pacientes puede ser muy variable, las EA exceden en muchos casos el ámbito puramente dermatológico, ya que los pacientes afectados asocian con frecuencia una gran variedad de manifestaciones sistémicas, que en muchos casos son más graves que la propia enfermedad cutánea.
Actualmente se reconocen unos 30 subtipos, si bien éstos pueden englobarse dentro de 3 grupos generales, según a qué nivel existe el defecto proteico que origina la fragilidad del epitelio, las EB Simples (si el defecto se produce en la capa basal de la epidermis), las EB Junturales (con el defecto en la unión dermoepidérmica) y Distróficas (defecto en la dermis).

A nivel cutáneo lo más habitual es encontrar una extrema fragilidad cutánea, con formación de ampollas y problemas de cicatrización, siendo un problema especialmente importante el desarrollo de cáncer de piel, sobre todo carcinoma escamocelular, que puede llegar a ser letal, así como las infecciones, que se producen habitualmente a través de las heridas de la piel.
La extrema fragilidad de la piel es habitualmente evidente ya desde recién nacidos, precisando ya desde entonces una correcta prevención de las ampollas, evitando incluso mínimos traumatismos “como que se frote una pierna con la otra”.


Las curas locales de la piel (con sus heridas) suelen asociarse a dolor intenso al despegarse los apósitos y aplicarse los nuevos. En la mayoría de hospitales éstas pueden realizarse bajo sedación, pero el dolor es mucho más difícil de controlar en las curas en el domicilio.

 
Entre las manifestaciones sistémicas, podemos encontrar complicaciones gastrointestinales, retraso del crecimiento, complicaciones oftalmológicas, a nivel laringotraqueal, musculoesqueléticas, cardíacas, renales, urológicas, psicológicas…. 
Por todo ello, es fundamental en su manejo todo un equipo de diferentes profesionales, incluyendo no sólo dermatólogos, sino también pediatras, personal de enfermería, psicólogos, genetistas, podólogos, odontólogos, traumatólogos y técnicos en ortopedia, rehabilitadores y fisioterapeutas, cardiólogos, oftalmólogos, otorrinolaringólogos, radiólogos, médicos del aparato digestivo y nutricionistas, nefrólogos y urólogos, cirujanos y anestesistas, terapeutas ocupacionales…
Hoy en día las EB no son curables, y el tratamiento se enfoca en la prevención y mejoría de la sintomatología de las lesiones cutáneas y posibles complicaciones sistémicas. La intervención precoz es fundamental, puesto que de ésta dependerá la calidad de vida y la esperanza de vida de los pacientes.

Es de reseñar la existencia de una asociación de afectados, llamada DEBRA, con desarrollo a nivel internacional, y cuya sede española se encuentra precisamente en la Costa del Sol, en Marbella.

DEBRA España (Asociación de Epidermolisis Bullosa de España) www.debra.es es una entidad sin ánimo de lucro formada por personas afectadas por EB, profesionales socio-sanitarios y colaboradores. Fundada en 1993 para España, y enmarcada en una red internacional de asociaciones de EB, está declarada “de utilidad pública” por el Ministerio del Interior, y tiene como misión “mejorar la calidad de vida de las personas con EB y sus familiares”.
Ésta supone un gran apoyo para los pacientes y sus familiares, procurando a éstos en lo posible un diagnóstico lo más específico y temprano posible, una orientación y asistencia sociosanitaria en el manejo del día a día del paciente (supervisión de las curas, cuidados y recomendaciones generales), apoyo psicológico e incluso apoyo legal (defendiendo sus derechos, posibilidades de ayudas…).  Asimismo, fomenta y financia investigación en EB y la difusión de los avances a nivel internacional, promueve el intercambio de experiencias y el apoyo mutuo entre afectados y familiares, el desarrollo de proyectos que mejoren la calidad de vida de los afectados, procura informar, asesorar y fomentar el conocimiento de la enfermedad, en el ámbito médico y social, procurando además lograr un reconocimiento sobre las necesidades de la enfermedad en el sistema público, así como recaudar fondos para financiar todas las actividades de la asociación.

El pasado día 17 de Diciembre tuvimos la oportunidad de acompañar a miembros de DEBRA en una entrevista en televisión para ayudar a dar a conocer esta enfermedad a la sociedad.
Para ver la entrevista: http://www.mijascomunicacion.org/index.php/340-television
(entrar en programa "Bienvenidos" del día 17 de Diciembre 2012: ver desde aprox. minuto 40).
 
Más información:
- Hernández-Martín A., Torrelo A. Epidermolisis ampollosas hereditarias: del diagnóstico a la realidad. Actas Dermosifliliográf. 2010;101:495-505.
- Fine JD, Eady RA, Bauer EA, et al. The classification of inherited epidermolysis bullosa (EB): Report of the Third International Consensus Meeting on Diagnosis and Classification of EB. J Am Acad Dermatol. 2008;58:931-50.
- Guía de Atención Clínica Integral de Epidermolisis Bullosa. Ministerio de Sanidad (2008).
- www.debra.es

jueves, 26 de julio de 2012

Fotoprotección en la infancia: Protege a los que más quieres

¿Sabías que…?
-El principal factor de riesgo evitable de desarrollar cáncer de piel es la exposición solar, y especialmente la desarrollada sin protección adecuada durante infancia y adolescencia.
-Se calcula que hasta el 80% de la exposición solar de toda la vida se produce en la infancia y adolescencia, siendo éstas etapas críticas con mayor riesgo de sufrir quemaduras, que incrementan el riesgo del desarrollo de cáncer de piel en general (y melanoma en particular) en la edad adulta.
-Igualmente se calcula que el 80% de cánceres cutáneos que se diagnostican en la edad adulta podrían evitarse adoptando medidas preventivas desde la infancia.
-No hay que olvidar que “la piel tiene memoria”: el daño solar que se produzca en la piel será acumulativo e irreversible, originando el envejecimiento cutáneo, con la aparición prematura de manchas, pecas,arrugas… y aún peor, el desarrollo del temido cáncer de piel.
-Son suficientes 15 minutos de exposición al sol para que un niño de piel clara se queme.
-No es necesario ir a la playa para quemarnos. De hecho, cuanto mayor sea la altura a la que subamos, más fácil es que nos quememos.
-El agua, la arena, el cesped y la nieve reflejan los rayos solares aumentando sus efectos perjudiciales en la piel.
-Las nubes sólo protegen de un tercio de las radiaciones solares.
-No existe la “pantalla total”: ningún protector protege por completo.
-Un índice de protección solar elevado no impide broncearse, y aunque el bronceado tarde más en aparecer, se mantendrá más tiempo sin riesgo de quemaduras. Además, cuando la piel está bronceada hay que seguir protegiéndola, pues el bronceado natural tiene baja capacidad de protección frente a los rayos UVB, y ninguna frente a los UVA. En cualquier caso, el “bronceado saludable” NO existe: es una reacción de la piel al daño del sol.

-Cuando veamos “resistente al agua” en las etiquetas de los protectores solares esto sólo implica que se mantiene tras dos baños de veinte minutos separados por 15 minutos con la piel secada al aire, y un secado enérgico con la toalla puede eliminar hasta un 85% de la protección solar.
-La crema protectora por sí sola no es una medida de protección solar suficiente.
-El mero hecho de producirse un enrojecimiento de la piel tras una fotoexposición ya es por sí mismo un cierto grado de quemadura.

¿Y qué podemos hacer nosotros para ayudarles?
-Debemos evitar que los niños menores de 2-3 años se expongan directamente al sol, pues su piel es aún muy sensible e inmadura, sin capacidad de respuesta frente a las radiaciones ultravioleta.
-Aplicar protector solar en los niños a partir de los 6 meses de vida, realizando una primera aplicación  antes de salir de casa y renovando frecuentemente (cada 2 horas) la aplicación, aún más frecuentemente después de cada baño. En los menores de 6 meses, al tener una piel aún muy inmadura, no está recomendada la aplicación de cremas fotoprotectoras.

-Procurar en los niños (sobre todo en los más pequeños) usar fotoprotectores físicos ("minerales"), que tienen menos posibilidad de inducir alergias que los filtros químicos.
-Las medidas físicas son las más importantes en la fotoprotección infantil: 
       *Debemos hacerles usar ropa adecuada (opaca), junto a gafas de sol homologadas y gorra (o incluso mejor, sombrero, que cubre además las orejas).
        *Debemos evitar su exposición solar en las horas centrales del día (11-17horas).
        *Debemos buscar la sombra.
-Hidratarles de manera abundante, con agua o aún mejor, con zumos naturales frescos.

-Dar ejemplo en hábitos saludables de fotoprotección.